Divididos: 30 años no es nada

A un año y medio de su última presentación, Divididos regresó a la ciudad de las diagonales. En aquella oportunidad  también se habían presentado en el Club Atenas pero con el trasfondo, no menor, de que Aerosmith tocaba en el Estadio Único, y aún así, el trío agotó entradas. Lo mismo ocurrió el sábado pasado. Para los que se quedaron afuera, la banda prometió regresar en unos meses, en el marco de su gira 30° Aniversario, que desde junio los tendrá tocando en muchos lugares del país.

PH: Jeremías De Meo

El show comenzó con la tradicional introducción del himno nacional, seguido de la entrada de Catriel Ciavarella y Ricardo Mollo al escenario – este último con mochila al hombro, cual estudiante universitario – para luego sumarse Diego Arnedo. Acto seguido, Miente el after hour, interpretado con toda la energía del power trío. “Pudimos haber terminado todo esto antes de que comenzara este siglo, pero insistimos y aún estamos aquí haciendo música”, explicó Mollo, seguido del aplauso y la ovación del público.  La adrenalina continuó esparciéndose durante casi 40 minutos, luego de los cuales se hizo una pausa para dar lugar a un segmento más tranquilo, donde tocaron clásicos como Vengo del placard de otro y Spaghetti del rock; y donde se invitó a dos chicas del público para que bailaran en el escenario al ritmo de Huelga de amores.

PH: Jeremías De Meo

Fin de la calma para volver a elevar la energía del Club Atenas con temas rockeros, y entre regalos del público para la banda, se coló un pañuelito verde, que es bien recibido por Mollo y mostrándolo en alto aseguró: “La igualdad tendría que ser una cosa totalmente natural. No hay nada en este momento más sano para la vida que la legalización y la despenalización del aborto”. Entre vítores y aplausos del público, concluyó: “¡A cuidar la vida de todos!”.

Los covers de Pappo devolvieron al público al show. Después fue el turno de El 38 y Ala Delta; y luego de un “Chao, muchachos” por parte de Mollo, a lo cual la audiencia pidió más. La banda escuchó las sugerencias y decidió cerrar el show con una seguidilla de enganchados de Sumo: El ojo blindado, Mejor no hablar de ciertas cosas, Mañana en el Abasto, entre otros; para finalizar con Estallando desde el océano, seguido por el saludo personal de Mollo al público, acompañado por la entrega de púas.

Tras más de dos horas y media de un intenso espectáculo la aplanadora del rock volvió a rendir honor a su apodo, demostrando que “30 años no es nada”.

Por Ericka Alarcón

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